Despues del coronavirus

El organismo nacional  especializado  que monitorea (con apoyo de la comunidad científica y bajo el organismo de las Naciones  Unidas) el nivel  de la contaminación ambiental con CO2 en la Metrópolis Buenos Aires informó el 31 de marzo, que en la región metropolitana ha bajado un 90% la contaminación por  CO2,  que está provocada principalmente, por la emisión de más de un millón de automotores (autos, camiones y ómnibus) que circulan en toda la región diariamente.

Es una buena noticia, la única en medio de la pandemia que tiene su foco principal en la Metrópolis.

Es la gran ciudad (5 millones) y todas las ciudades del Gran Buenos Aires, desde La Plata a Zárate, en las márgenes de las autopista La Plata, Richeri, Oeste, y la Panamericana hasta el Tigre,  con 12 millones de personas.

Las ciudades están limpias y en los Parques se advierten más pájaros que aprovechan el otoño para crear sus nidos y renovarse.

Pero esta limpieza del medioambiente y la pureza del aire permanecerá el tiempo que resta hasta el control del virus y la vuelta a la “normalidad”.

Y volverá seguramente con una intensidad mayor el movimiento de vehículos y de las personas que retornan  a  sus trabajos.

Es difícil imaginarse hoy cómo funcionará el sistema de  subterráneos de Buenos Aires que transportaba 2 millones de personas cada día, abarrotados de gente de 7 de la mañana a 8 de la noche.

El  tiempo de la cuarentena está mostrando la templanza de la mayoría de la gente si bien no faltan aquellos que no respetan las normas establecidas, y muestran la misma irresponsabilidad que en los tiempos normales.

Y sucede también a lo largo de la convivencia del encierro hogareño el surgimiento  compartido de los mejores sentimientos familiares entre padres e hijos y familiares.

El  largo tiempo en casa que cada cual  está experimentando revela  los mejores sentimientos entre  nosotros y hacia todos aquellos servidores públicos en los hospitales y en las calles que afrontan con responsabilidad  la mayor tarea  en esta emergencia.

No sé si esta pandemia abrirá en el país un antes y después de muchos de los conflictos que nos enfrentaron a todos en los últimos años, o décadas.

Tampoco podemos estimar  aún los  mayores daños que sufrirá la economía de la Nación con sus peores consecuencias para todos quienes dependen de un salario, jubilación o simplemente son trabajadores temporarios y de la economía informal.

Tampoco podemos evaluar ahora los problemas que se han generado en todo el mundo con el comercio internacional, particularmente en tantos países de pobreza extrema que padecen en el mundo de hoy.

Hasta lo bombardeos de las grandes potencias en Siria, el Irak, y todo el Medio Oriente se han suspendido.

Y  la economía de los países más fuertes, avanzados y poderosos como Estados Unidos y de la Unión Europea ya sufren la crisis económica y son los que tienen el mayor índice de contagiados y fallecidos. Y son precisamente las ciudades más populosas las que exhiben esos niveles.  El espanto lomuestra Nueva York con el entierro en fosas comunes. Además Estados Unidos, ya exhbe 16 millones de desocupados a la fecha (11 de Abril)).

En nuestro país durante enero y febrero miles de argentinos y extranjeros turistas fueron y volvieron de países europeos y de Estados Unidos ya contagiados. Países con el mayor número de turistas chinos (se estiman en 150 millones en el mund por año) pueden haber sido el origen  de la expansión que seguramente conoceremos al final.

Esta pandemia  que desató  el coronavirus hará  pensar a gobiernos, científicos, y sobre todo, a millones de personas, los peligros que para todo el mundo están mostrando tanto el cambio climático como la emergencia de nuevos virus  que desconocemos y sus consecuencias más graves en las megaciudades.   

Es claro que la pandemia se expande rápidamente en las megaciudades como está demostrado: en China primero, Nueva York, Los Angeles, Milán, Madrid, Barcelona, San Pablo y Río en Brasil, México y aquí en la Metrópolis Buenos Aires.

En los años ’70 el Club de Roma había planteado “los límites del crecimiento” relacionando la disponibilidad de materias primas y el crecimiento exponencial de la población mundial, en momentos que éramos 3.500 millones de habitantes.

 El impulso del petróleo vía fracking  (Estados Unidos pasó de depender de Arabia Saudita, Mexico y Venezuela a autoabastecerse en petróleo y conservar millones de  metros cúbicos de reserva)  produjo un enorme crecimiento de ciudades de todo el mundo particularmente en China y la India y otras regiones.

Cada día hay menos población rural, y la mayor parte de grandes ciudades están al lado del mar, con las consecuencias previstas del calentamiento global y tsunamis.

Ya se han realizado varias Cumbres globales sobre el cambio climático y nada se ha avanzado. El petróleo sigue siendo el mayor contaminador y las energías renovables no avanzan en la medida que son necesarias.

Y tan vital para el planeta como  para la gente, y la humanidad, son el cuidado del medio ambiente y  la necesidad del control demográfico en todo el mundo para armonizar el crecimiento  con los recursos de la naturaleza y su explotación, para favorecer la mayor igualdad posible entre los 7.000 millones de personas que ya habitan  nuestra Tierra.

Que el control de la natalidad y el freno a la voracidad de las multinacionales del petróleo, la minería y los recursos  forestales, así como la especulación financiera global y el narcotráfico, sean  a partir del fin del coronavirus, la demanda que debemos impulsar.-

 (Carlos Ceballos, 11 de Abril 2020)

 

NOTA:

Leer la nota El Federalismo y la Metrópolis