Introducción

INTRODUCCION

            Después de más de 40 años viviendo en la “Gran Ciudad” de Buenos Aires, en los últimos tiempos comencé a ‘regresar’ a La Rioja en mis nostalgias y en mis afectos de la infancia y la juventud, en los felices tiempos compartidos con mi padre, mi madre, hermanos y primos.

            La vida en Buenos Aires, la ciudad que creció y crece en forma continua, estuvo matizada diría por el recuerdo provinciano en ruedas de amigos riojanos cada 20 de Mayo y la recreación del Centro de Residentes en esta ciudad.

            Pero todo el tiempo aquel se fue yendo.  Las peñas donde Ramón Navarro o el Chito Zeballos por nombrar solo las voces y la música más entrañables de nuestro tiempo, se fueron haciendo cada ve más espaciadas hasta desaparecer.

            Esta Ciudad se iba convirtiendo en una vorágine tumultuosa de otras costumbres y  sonidos muy ajenos en períodos de tragedias en sus calles.

            Los lazos que nos convocaban a los riojanos en ella, se fueron desdibujando y hasta enfrentando  en los febriles días de los últimos años.

            Curiosa introversión la del tiempo de nuestra vida.

 

            Primero fue una curiosidad  histórica sobre mi provincia que me abrió a la lectura de una abundante bibliografía sobre la historia argentina y de La rioja y sus cadillos federales. Todo me fue  llevando con ansiedad e intensidad a buscar en la historia de mi provincia las raíces de nuestra sociedad, de nuestro pueblo y particularmente sobre la vida de los riojanos en la época trágica de la guerra civil.

Guerra civil que enfrentó a nuestro país en las décadas de formación de  la Nación.

Fue también la necesidad de indagar en nuestras raíces, de abuelos, bisabuelos y más atrás, hasta donde la vida de esos ancestros y del pueblo fundador de nuestra historia, imaginaba ver mezclados en los días de luchas, de guerra entre riojanos, de destrucción, de dolor y heroicidad que atestigua la historia escrita.

            Una guerra en la que las familias se dividieron y enfrentaron entre sí, como en toda guerra civil.

            Y se sucedieron años de lecturas de numerosos escritores e historiadores argentinos –y riojanos- que investigaron su historia y procuraron y procuran desentrañar y explicar los hechos y las causas de aquellos enfrentamientos que dejaron muerte y desolación en La Rioja, cuando no éramos Argentina, sino unas cuantas Provincias ‘Unidas’ del Río de la Plata.

            Surgieron como sabemos dos concepciones históricas enfrentadas en el intento de contar la cruenta y larga lucha de guerra entre hermanos causada por dos concepciones diferentes de crear y organizar una nueva Nación.

El conocimiento de la geografía de la provincia, los escenarios de la guerra y de las penosas condiciones de vida del pueblo en ese tiempo, despiertan en cualquier observador, el reconocimiento al valor y al coraje de ese pueblo que luchó en una cruenta guerra civil en medio de la pobreza de sus recursos económicos.

            Los historiadores han reflejado desde sus interpretaciones antagónicas las causas de aquellos enfrentamientos pero ninguno de ellos ha podido dejar de exaltar la epopeya, el sacrifico que significó para el pueblo riojano una larga guerra de cinco décadas.

            Han transcurrido ya más de 150 años del salvaje y trágico asesinato de Angel Vicente Peñaloza, el legendario “Chacho”. Y otros tantos de la última batalla de Pozo de Vargas cuando la resistencia federal de La Rioja y otras provincias fuera derrotada militarmente.

            Y es motivo suficiente para intentar un homenaje al pueblo riojano y de las provincias de Cuyo y el NOA que dejaron escrita para nuestro tiempo la decisión fundamental de construir una verdadera República Federal.

 

LA RIOJA 2017