¿Por qué este libro?

LA RIOJA en la GUERRA CIVIL

Reflexiones sobre su historia

 

            Después de más de 40 años viviendo en la “Gran Ciudad” de Buenos Aires, los regresos a La Rioja en los últimos años, fueron despertando en mí el interés en conocer  profundamente la historia de mi provincia.

            Los años en Buenos Aires fueron más que todo nostalgiosos de los recuerdos felices de nuestra infancia y adolescencia, de nuestros padres y una numerosa familia. Reunión con amigos y parientes riojanos, peñas con las voces queridas de Ramón Navarro y a veces del Chito Zeballos, matizaron los recuerdos permanentes de estos años.

            Yo había leído siempre en la revista Todo es Historia numerosos trabajos sobre acontecimientos históricos de La Rioja y el libro Los Caudillos de Félix Luna, el director de dicha  revista de enorme valor en la divulgación de la historia argentina.

            Ya en los últimos años fui conociendo estudios históricos de autores riojanos, así como una renovación de la bibliografía en la investigación sobre la épica de los Caudillos, y en particular los “clásicos” que aún me esperan en la Biblioteca Mariano Moreno.

             

            Surgió en mí  la necesidad de conocer mejor la historia de La Rioja lo que me abrió a la lectura y me fue llevando con ansiedad e intensidad a buscar en las raíces de sociedad riojana, y particularmente en la vida de nuestro pueblo, las causas de la trágica guerra civil que envolvió a nuestra provincia.

            Como se sabe, prácticamente todos quienes han incursionado en la investigación histórica han tenido como primera referencia el Bosquejo Histórico de la Provincia La Rioja de Marcelino Reyes, escrito en base a documentos de primera mano de su época y relatos de numerosos actores de la guerra civil de nuestra provincia, basado en particular en la voluminosa Historia de los Gobernadores de  Antonio Zinny como información general de aquellos acontecimientos.

            La lectura releída del Bosquejo de Marcelino Reyes, por tratarse de mi bisabuelo paterno, acicateó mi interés y me fue llevando también a la necesidad de indagar en nuestras raíces. Imaginé  aquellos días de luchas políticas, de guerra entre riojanos, y entre argentinos, de destrucción,  de dolor y de heroicidad que atestigua la historia escrita. Una guerra en la que las familias se dividieron y enfrentaron entre sí, como sucede en toda guerra civil.

                       

            Se sucedieron lecturas de historiadores que investigaron y procuraron  explicar  las causas de aquellos enfrentamientos  que dejaron muerte  y desolación en La Rioja  cuando aún no éramos una República, sino unas cuantas Provincias “Unidas” del Río de la Plata.

            Me  acicateó también el conocimiento de mi tío abuelo, César Reyes, reivindicado y rescatado del olvido por el libro de Cáceres Freire, quien marcó diferencias en la interpretación de la historia con su propio padre.

            Se  generaron concepciones históricas enfrentadas –maniqueas - en el intento de contar la cruenta lucha de la guerra entre hermanos, desencadenada apenas  habían cesado las batallas por nuestra Independencia, cuando surgieron dos concepciones diferentes para organizar la nueva Nación.

                       

            Los historiadores han interpretado desde concepciones antagónicas aquellos enfrentamientos pero ninguno de ellos ha podido dejar de exaltar la epopeya, el sacrificio que significó para el pueblo riojano una larga guerra de más de cinco décadas y las consecuencias que tuvieron hasta fines del siglo XIX.

            Difícil tarea la del historiador. Quien esto escribe no lo es. Tan solo me lleva el propósito de indagar en factores y hechos que son apenas mencionados o ignorados por los historiadores,  factores que  están en la base sobre la que se desarrolla y construye en forma orgánica, toda la estructura económica, institucional, jurídica y política de una Nación.

            Pero hay otra razón importante que me movilizó a estudiar más nuestra historia. Y es la evidencia –después de vivir más de cuarenta años en Buenos Aires – del enorme desarrollo económico, demográfico, urbano y fabril de la provincia y de la Ciudad de Buenos Aires, y el subdesarrollo de La Rioja y muchas provincias que aún hoy, expulsan población.  

             Enorme desarrollo que yo considero una deformación económica de nuestro país, porque concentra en un minúsculo vértice portuario de su territorio –acaso 500 kilómetros cuadrados-  una concentración económica y demográfica irracional si la comparamos con la superficie territorial argentina.

            En efecto, la provincia de Buenos Aires a la  cual está integrada en forma estructural la Ciudad capital, representa el 38,5% del PBI (2012), el 38% de la población; 16 millones sobre 41 millones del total más 3 millones en la Capital.

            ¿Cuál es la razón histórica de su desarrollo que ha provocado esta polaridad entre una provincia y el resto del país?  Y que en menor medida se repite en Córdoba y Santa Fe.

            Si la respuesta es “sencilla”, es decir, si se debe al triunfo del unitarismo centralista y la derrota de la concepción federal de organización, del triunfo del centralismo portuario del Paraná y el Plata y su Aduana, y de la coronación institucional en la Constitución, con enormes poderes del Ejecutivo, resultante de la derrota del Federalismo, entonces debemos considerar que nos debemos una nueva reforma del Estado actual de la Argentina.

            Bajo esta premisa inicio estas “reflexiones” sobre la historia de La Rioja durante la guerra civil.

            Dedico este trabajo a los jóvenes riojanos, exhortándolos a estudiar nuestra historia provincial y la de nuestro país. Conocer nuestro pasado es la base para comprender las causas que producen y generan los conflictos políticos que se transforman en enfrentamientos de luchas de baja o alta intensidad.

            La historia es también como señalara el gran Cervantes, advertencia del porvenir.

            Y dedico también este trabajo a aquel  pueblo riojano  como una evocación al sacrificio de su  lucha por una vida mejor de libertad, igualdad  y progreso.

Buenos Aires, segunda mitad del año 2013

 

Carlos Ceballos