LA BATALLA DE CURUPAYTÍ.

22 DE SETIEMBRE DE 1866

        Esta batalla, junto con la de Tuyutí, son consideradas las batallas mas grandes y sangrientas de la historia de América, si se excluye la Guerra de Secesión en los EEUU.

        Se libró en  las trincheras de Curupaytí , que se extendían  a lo largo de unos 10 km. Uno de sus extremos se apoyaba en el rio Paraguay, algunos kilómetros al sur de la fortaleza de Humaitá (“la Sebastopol de América”). Estaban asentadas en uno de los pocos lugares altos de todo el “cuadrilátero”,  en que se decidió lo fundamental de la guerra. Territorio absolutamente cubierto por esteros al punto que los principales localidades son “pasos” (Paso Pucú) o “islas” (Isla Umbú).Hoy es habitado por muchas mas vacas, pero no muchos mas hermanos paraguayos que antes de la guerra.

         El 22 de setiembre  se enfrentaron allí 20.000 soldados “aliados” (argentinos, brasileros y algunos uruguayos) contra un ejército paraguayo considerablemente inferior en número como en armamentos.

        El Ejército aliado era comandado por el mismísimo General Mitre,  que había afirmado al declararse la Guerra: ¡En 24 horas a los cuarteles, en quince días en Corrientes, en tres meses en Asunción!

       Envalentonado por las batallas anteriores,  aconsejado por la soberbia de los “Ilustres varones porteños”, sediento de gloria y disputando con los brasileros  el reparto del Paraguay, mandó a su ejército brillante de botas y uniformes europeos, al asalto de las trincheras defendidas por soldados con quepís, chiripás y “en patas”.

     La batalla comenzó antes del mediodía, y cuatro horas después el ataque había sido rechazado y había sido destruida la flor y nata de las fuerzas “aliadas”, en particular las argentinas que habían encabezado el ataque con el batallón 1º. de Santa Fe y el Rosario. Que al igual que el resto de la tropa, habían sido conseguidos con levas forzosas. Muchos de los reclutados  conducidos con grilletes,  en medio de la resistencia de las provincias, las fugas,  los motines y los fusilamientos.

    Las cifras verdaderas de la batalla no se conocen. En primer lugar porque todos los archivos paraguayos, desde la colonia, fueron robados por el Imperio del Brasil al término del exterminio  de la ciudad mártir de Piribebuy (  3ª capital durante la guerra) y hasta el día de hoy permanecen junto con los documentos brasileros de la campaña, bajo absoluto secreto en el Ministerio de Relaciones Exteriores del Brasil.

   Aún los mitristas, como el rosarino de Marco, ex presidente de la Academia Nacional de la Historia, no pueden menos que reconocer 4000 bajas aliadas, y la mayoría de los autores  las consideran entre 7.000 y 10.000, la  mayoría argentinos. Las bajas paraguayas fueron menos de cien.

LAS CONSECUENCIAS

   Como consecuencia de la derrota, la guerra se prolongó por dos años mas en el cuadrilátero y cuatro en total.  Mitre tuvo que volver a Buenos Aires y entregar la hegemonía de las tropas a los mandos brasileros (primero Caxias y luego el Conde de Eu) mas voraces y sanguinarios, si eso fuera posible, que los generales argentinos.

    El supuesto paseo hasta Asunción se transformará en una guerra de exterminio, con cinco años posteriores de ocupación brasilera.

   Con episodios de crueldad y heroísmo ocultados  incluso por las propias clases dominantes paraguayas. Para llegar hoy a las trincheras de Curupayti, que han resistido el paso de 150 años y son perfectamente distinguibles, hay que recorrer 60 km de camino de tierra y  diez de camino de estancia , para encontrarse con tres pequeños monumentos bastante abandonados.

   Episodios como el exterminio de la ciudad  de Piribebuy donde mataron a los hombres y mujeres y, al término del combate, incendiaron el Hospital de Sangre con los heridos y enfermeras adentro

 O la batalla de Acosta Ñu, donde mas de 10.000 aliados aniquilaron un ejército de 4000 combatientes, con un solo escuadrón  de veteranos y el resto  niños de no mas de 13 años. Al término del combate,  quemaron el pajonal para que murieran los heridos y las madres que acompañaban a los soldados niños, que iban a rescatarlos. Hoy se celebra el Día del Niño paraguayo en la fecha de la batalla.

   O la persecución del Mariscal Francisco Solano López rodeado de los últimos combatientes y su familia. Realizada con miles de  soldados “aliados” hasta Cerro Corá , donde lo matan junto a dos  de sus hijos para escarmentar la memoria de la epopeya para siempre.

En palabras del oficial argentino José Ignacio Garmendia, después de la caída de la fortaleza de Humaitá, el 5 de Agosto de 1868:

Lo demás de la guerra fue una agonía `prolongada; la de una fiera que, acosada y herida, emplea sus últimas fuerzas en bravío combate contra la numerosa jauría que la acosa.

 

El pueblo paraguayo, en esta última época, presentó un ejemplo que aún la historia de los tiempos modernos no revista otro igual: un último ejército de inválidos, viejos y niños de diez a quince años, combatiendo bizarramente contra fuerzas superiores y muriendo como si fueran soldados, en los campos de batallas que no concluían sino para volver a dar comienzo, entre la agonía de los moribundos y el horror del degüello sin piedad”